La noche del tiempo

Hoy nos contamos el cuento del brillo en los ojos, la sonrisa en los labios. Los niños sueñan, nerviosos, con la llegada de los Reyes Magos de Oriente. No es cualquier cosa. Piensa en esos tiempos en los que te acostabas e imaginabas que escuchabas cómo llegaban, silenciosos para ir con camellos, ruidosos para ser mágicos.

La noche de la ilusión. Despertar y salir corriendo hacia el salón se convirtió en rutina. El árbol y, a su alrededor, regalos. Regalos que hacían montones en torno al zapato de cada uno de los miembros de la familia. Hay cuatro regalos que no olvidaré abrir, nunca. Unas botas blancas horrorosas, pero horrorosas. Un disco de música de “Ñ- Los éxitos del año”. ¿De qué año? Pues no lo sé. Pero era morado. El libro de “Harry Potter 3 y el Prisionero de Azkaban”. Que me generó dudas: “Mamá, los Reyes me han traído el tercero y yo no tengo ni el primero, ni el segundo”. Los tuve a los dos días. Todos ellos los abrí en San Fernando, Cádiz. El último fue seguramente el primero de todos ellos, y lo abrí en Madrid. Era y es, porque sigue en mi cama, un peluche de un perrito marrón, con las patas traseras muy, muy largas, y flequillo blanco. Era el regalo que había elegido papá, dijo mamá. Seguramente no lo eligiera él, o no lo sé, pero cuando lo miro (y te aseguro que han pasado muchos años), pienso en él como lo hice aquel día: llena de plenitud y amor. El peluche de papá.

Es curioso cómo la mente de un niño, una niña, vive todo con una intensidad romántica e inocente. No conoce sentimientos negativos, está ocupada exaltando los positivos.

Me encantaba ser niña, era verdaderamente feliz. Y hoy es la noche de todos los niños. De los que tienen la, aún desconocida para ellos, suerte de poder tener regalitos y sueños sin límite.

Hoy vuelvo a ser un poco niña, y a contribuir de la ilusión ya adulta de los demás. Pero sobre todo cimento poco a poco la idea de hacer algo importante para aquellos que no tienen tanto. Necesito tiempo, dinero, estabilidad. Pero lo haré. Estos sueños conscientes también alimentan el alma. Y si los llevas a cabo, no solo la propia.

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