Frankenstein o el moderno Prometeo

Descubrí a Mary Shelley con tantas prisas que olvidé compartir el disfrute.

Siempre que leemos u oímos hablar de Frankenstein, lo siguiente es el subtítulo que a lo largo de la historia nos hemos empeñado en darle: “la primera novela gótica de la historia”. Hay quienes hablan incluso de ciencia ficción.

Si nos situamos un instante en el siglo XIX, exactamente en 1818, una mujer publica una novela que va más allá de cualquier concepción literaria hasta el momento. Ella abarca, con una mente creativa y una pluma fiel, el controvertido tema del destino, la moral, la vida, la creación de la vida. La ciencia, versus Dios. El destino, versus la voluntad del hombre. Las consecuencias de las acciones. Incluso la propia búsqueda de la felicidad. Las desgracias, escritas y justamente perseguidas según nuestro trazo vital.

La estructura es lógica  y su léxico, sencillo. Los personajes tienen la profundidad psicológica precisa para empatizar con ellos y compartir sus tormentos y anhelos. Los paisajes son el perfume de una imagen hermosa. 

El lector es a ratos criatura, a veces científico, otras muchas Mary. Pasea entre los marcos narrativos con un ojo apasionado y crítico. Rabia, compasión, angustia, horror. Ella puntúa, y según avanzas te adecúas a sus pausas.

No pensé nunca que fuera a cautivarme de esta manera una historia versionada y, considero, frivolizada a lo largo de los años. Pero tengo que decirlo: hablar de Mary Shelley como una lectura ficticia o fantasiosa es restarle un escalón completo de calidad, amplitud y complejidad.

 

 

2 comentarios en “Frankenstein o el moderno Prometeo

  1. Conocí a Frankenstein un verano, durante una larga convalecencia con algunos huesos y ligamentos rotos en competición. Creía -ingenuamente- que me esperaba una novela de acción, terror y aventura y me encontré con uno de los libros más tristes que recuerdo. Con él conocí la sensación de soledad (que yo nunca había experimentado -y sigo sin haberlo hecho-).
    Y es también una historia que presentaba una serie de planteamientos filosóficos de lo más interesantes. Además, tumbado todo el día en una cama, había muchas horas para pensar.
    Es un libro que tengo pendiente releer con la perspectiva de los años.

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    • Solo puedo recomendarte hacerlo. Aunque al final, parece que siempre hay un plano diferente de lectura, y otro marco en el que profundizar.
      La sensación de la que hablas, puedo imaginarla o recordarla, más bien. Definitivamente es interesante y tiene más trasfondo del que la crítica y muchos lectores han querido darle.

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