Boom

Tenía la sensación de nunca perdonar sus errores del todo. De deberse siempre una nueva lección. Una angustia inmensa invadía su pecho, hasta llegar a la boca del estómago, anudándola con la soga del autoconocimiento. Ideas aprendidas, unas vividas y otras, otras no. Risas lejanas, lágrimas oxigenadas, un susurro perdido y aquel grito eterno en el interior de un vehículo que circulaba tan rápido como los demás.

Es el lugar perfecto para gritar y desgarrar mi garganta, pensaba. Y se dejaba llevar. Ajena a los ojos de una niña que, desde el asiento de atrás de un monovolumen rojo, observaba la escena. Apoderándose de ella las ganas de llorar, encogía las piernas y abrazaba sus rodillas. Por qué sufrir así. Su madre, que la observaba desde el retrovisor, interrumpió sus pensamientos. Eso es mal de amor. Veinte años después, en otro coche, más pequeño y coqueto, fluirían de nuevo sus lágrimas.

Al final, nos hemos dado cuenta. Aquellas sensaciones oprimentes que un día pasaron por delante de nuestros ojos, hoy pueden definirnos. Y no entendemos, porque no podemos, cómo el resultado de toda una vida se reduce a nada, frente a una pequeña vivencia. Será que el cuerpo tiene una tendencia natural que la mente puede dirigir y que, si lo suelta, pierde el rumbo y se deja llevar. Algo parecido expresaba hoy un amigo.

Sigo queriendo explotar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s