Jamás

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Jack es solo un erizo parlanchín. Es blanquito, aunque sus púas marrones dan juego, junto con el hocico, del mismo color. Es juguetón, aunque a veces huye demasiado, y es por esta característica que es siempre recordado. “Jack, el huidizo”.

Anoche salió a jugar un rato por el bosque. Encontró a varios de sus amigos y se sorprendió notablemente: no se divertía. Incluso Rosa, “Rosa, la cobardica”, notó un carácter menos efusivo y los silencios más prolongados.

– Se te caen más púas de lo normal, Jack – le confesó tímidamente.

Jack caminó de vuelta a casa, poco después de haber salido. Las púas y el silencio ocupaban espacios en su mente, pero eran espacios moderadamente grandes. ¿Y el resto de mis pensamientos?

Se descubrió entonces centrando su atención en una incómoda presión que se hacía hueco en su pecho. Me duele cada vez más. Y claro que le dolía, sin aparente explicación.

Si no me he caído, ni me he golpeado. Tampoco hice nada excesivo que me sofocara, ni recibí grandes noticias. No ha pasado absolutamente nada.

Entonces recordó. Nada, absolutamente nada. Y ese detalle le estaba hiriendo más que ningún otro recuerdo.

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