La sala número 6


Chéjov, A., 2010. La Sala Número 6. 1ª Ed. Editorial Medi.


Antón Chejov (Анто́н Па́влович Че́хов, 1860-1904) escribe en 1892 Палата № 6 (La sala número 6 o El pabellón número 6). En esta novela corta, escrita poco después de su regreso de la isla de Sajalín, el autor efectúa una crítica social desde la perspectiva de unos personajes variopintos e intelectualmente desarrollados.
Lo primero que se observa en la lectura, es el narrador omnisciente que, en determinadas circunstancias, adopta un segundo rol. Así, por ejemplo, optará por la primera persona del singular para evidenciar su posición (“me agrada” para referirse a un personaje). Este juego de voces, junto con las descripciones dinámicas, aunque no demasiado abundantes, dejará también una sensación de ser acompañado por el propio autor, bien por la historia, o por las instalaciones del hospital, hasta llegar a la sala en cuestión, en una especie de expedición guiada.
“No hay en el mundo nada bueno que en su origen no tuviera una infamia”, dice el doctor refiriéndose a la situación del hospital. El carácter de toda la obra es puramente dramático, conteniendo también una crítica social (palpable en la división que efectúa entre altos y bajos; nobles, mujiks y judíos) que abarca no solo a las organizaciones, sino al ser humano, parte constituyente y responsable de la sociedad. Así hace especial mención a la superioridad intelectual, al carácter de quienes obedecen sin pensar, a los que juzga duramente. Los sabios son hombres que piensan, y aquellos incapaces de hacerlo serán los responsables directos de las cárceles y los manicomios, del castigo a unos pocos desgraciados. Los cargos públicos se entenderán como un “mal necesario” y establecerá la diferencia fundamental entre el intelectual real y el vulgar.

La reflexión en torno al dolor de cuerpo y alma viene reogida por el genio, Iván Dmitrich Grómov. Deja una visión del ser humano completa y compleja. Su analogía “loco/hombre” refleja la idea que tiene de la sociedad con respecto a él mismo. La honda reseña psicológica que presenta, se profundizará en el doctor, Andréi Efímich. Más que las similitudes entre ambos, destacan las diferencias. Donde Grómov ama la vida, el doctor le busca un sentido que no encuentra. Observa la muerte como un final lógico e inevitable que no le aflige. Incluso en cuanto concierne al dolor, el doctor lo desprecia.

El contraste entre el intelectual frustrado que padece un miedo patológico generado por el entorno; con Efímich, personaje concepto y víctima de su pasividad e inacción; nos sumerge en la profunda reflexión de la soledad y la consciencia. Esta se verá reforzada por el abuso de cargo y poder por parte de Mijaíl Averiavich; las manos ejecutoras del sistema, manifestadas en Nikita; la presunción de corrupción, el sistema sanitario y el conformismo popular, así como la visión tradicional de la enfermedad; se mezclan con la intensa reflexión acerca de la privación de libertad y la ansiedad.
Este relato podría enmarcarse en el realismo estricto. Retrata las maneras propias de la época, así como reproduce con minuciosidad y denuncia los vicios de su sociedad. Sin embargo, la crítica le aportó el atributo de simbolista, por la profunda sátira ya expuesta anteriormente. Si el manicomio es Rusia o no, es una interpretación del lector.
Desde luego, lo que resulta indiscutible, es el lenguaje neutro y conciso, haciendo de Chéjov una vez más un autor asumible para un amplio espectro de amantes de las letras.

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