Suficiente

Pensé que nunca volvería a sentirlo, pero aun es posible. La calma puede desvanecerse y las ideas, normalmente sin suficiente fundamento, pueden ocupar el 75% de mi ser. Autoriza, el recuerdo de un beso,a adueñarse de un momento, y también de una hora. Y con una banda sonora mal determinada, acompañar el pasar de los minutos, el baile de las agujas del reloj.

Puede el viento despeinarme y yo agradecerlo: me devuelve la sensación de libertad, que del pecho se ha desprendido. Oprimido, apenado. Trata de correr lo suficientemente rápido para alcanzar las vivencias que se van, los recuerdos que se desdibujan. Extiende los brazos, echa el cuerpo hacia delante, disminuyendo el ángulo que dibuja con el suelo. Hasta que lo toca. Lo veo venir y, de nuevo, lo agradezco. <Nada debe salirse de mi margen de acción, de mi control>, me repito, indignada por este despiste. Y mientras me convenzo y danzo alrededor de mi fantástica idea, recupero la figura cálida de un beso esperado, una caricia sutil. La imaginación de entonces regresa, y me muerdo el labio inferior mientras cierro los ojos. Es inevitable, admito culpable.

Las sensaciones que se van alejando son más dolorosas que aquellas que ya se marcharon. Vemos cómo se llevan, de la mano, tantas ilusiones y expectativas, las sonrisas de una noche cualquiera, los sueños íntimos y negados. Los deseos, quedaron en jadeos, y el romanticismo se perdió en un suspiro. Quien dice uno, dice muchos. Pero hay uno que, en concreto y con frecuencia, carga los anhelos.

No consigo traer a las letras lo que esconde mi cuerpo hoy. He dicho <cuerpo>, y no alma, ni corazón, ni mente. Están reflejándolo. Llevo días cansada, llevo días intentando sudar. Llevo días, que me siento fría, que me siento lejos, que me siento rara. Y te juro que pensé que jamás volvería a ocurrir. Llevo días que sé que podría haberte querido intensamente. Y llevo días que me repito, una y otra vez, que es momento de correr. Cojo el impulso y percibo la falta de aire. No es suficiente. Y es entonces, solo entonces, cuando comienzo a agobiarme, que me doy la vuelta. Lo hago asustada, temerosa de sentirte encima, de ver una mano que se aproxima a mi cintura.

Pero no. Vuelve el aire a ser insuficiente. Porque detrás de mí, no hay nadie. Todo ha sido fruto de un extraño e insolente ingenio. De unas muy irracionales ganas de ti, más sensatas ganas de mí. Ya me he encontrado. ¿Puedes llevarme de nuevo?

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