La tormenta

Aleksander Nicolaievich Ostrovski (Алекса́ндр Никола́евич Остро́вский, 1823-1886), genio y creador del “teatro de costumbres” ruso, publica Гроза (La tormenta), representada por primera vez en 1859. Este drama en cinco actos se considera una de sus obras maestras. En Kalinov, una pequeña ciudad a las orillas del Volga, transcurre la acción en apenas días, especificando el autor los diez que pasan del tercer al cuarto acto. Como vemos, es un periodo corto de tiempo, de manera que el ímpetu de cada diálogo y los cambios de actitud e ideas en algunos de los personajes, se perciben con particular intensidad. La crítica social, el miedo, la infelicidad, y la contraposición de los valores antiguos y modernos, constituyen la temática principal.

Los personajes representan, con una cierta evidencia, valores que el autor clasifica como negativos o positivos, en boca de Kuliguin, quien se yergue como voz de sabiduría, consciencia y ciencia. Este personaje, desde un primer momento exaltado con la belleza de la naturaleza, permite interesantes reflexiones. Así, por ejemplo, en su conversación con Dikói sobre la tormenta, él alude a la recepción hermosa de un hecho natural, donde Dikói interpreta un castigo divino. La belleza de su discurso, así como la coherencia, junto con las referencias culturales, hacen de él un personaje imprescindible y atrayente. Esta cultura se subraya en su capacidad para escribir en verso, o cuando cita los versos de Lomonósov en el tercer acto. Además, aconseja libremente y transmite valores como el
perdón y la moral verdadera. Una moral que, cuando se pierde, priva de humanidad: “[…] funcionarios que han dejado de tener el aspecto de personas”. Así Ostrovski, por medio de Kuliguin, critica las costumbres de la época, reiterando su rechazo hacia la crueldad de la pequeña burguesía, a la que además atribuye características como la “vulgaridad” y la “miseria”. Utilizando su voz, dará su perspectiva sobre el trato hacia el trabajador y el papel del comerciante burgués que se aprovecha y es responsable de su propio hundimiento económico. Pareciera que el autor pretendiera exponer a la sociedad su visión personal sobre el momento, así como su deseo de ayudar, tal y como lo hace el personaje, a la “burguesía pobre”.


Ya desde un primer momento, en el que el autor presenta la lista de personajes y los describe discretamente, llama la atención que especifica “Todos los personajes, salvo Borís, están vestidos a la rusa”. Así establece una primera distancia entre Borís, quien no se adapta a las costumbres de la zona, y el resto de los habitantes, habituados a sus maneras de proceder. Borís ya critica la brutalidad de la clase social burguesa desde la perspectiva noble de su madre, quien a su vez era rechazada por la familia de su padre (burguesa). Este personaje, que se siente prisionero de su situación vital y profundamente inadaptado e infeliz, observa a Kuliguin con agrado. Lo describe como soñador y feliz, acercando a los dos personajes que, además, tienen conversaciones interesantes en las que
recapacitan sobre el panorama social. Se enamorará de Katerina, mujer casada. Lo que comienza con el dolor por la ausencia de una amada que no se ha tenido, y apenas conoce de vista, terminará con la separación de esta. El sentido trágico de la historia reside en estos dos personajes. Sus monólogos internos reflejan un lenguaje más elevado, además de un juego de voces. Así, cuando usa la primera persona, está cuestionándose. Con el
empleo de la segunda persona, se increpa con mayor vehemencia.

Esa costumbre a la que Borís no consigue adaptarse (“[…] lo nuestro, que es ruso, familiar, pero de todas maneras no logro acostumbrarme”), es a la que se refiere constantemente su tío Dikói. Este personaje, violento y malhumorado, insulta a los campesinos, es tacaño e injusto con sus empleados. Es el responsable del destino de Borís, al menos en sentido práctico. Encontrará comprensión en Kabanova, con quien comparte las ideas antiguas y la tiranía. Ella critica la falta de respeto de hijos a padres, no considerándola necesariamente recíproca. El tópico del enfrentamiento entre nuera y suegra se eleva hasta convertirse, Kabanova, en la responsable de la infelicidad de Katerina. Esta anciana, que encuentra “en los usos antiguos las buenas costumbres”, contrapone las ideas anteriores con respecto al matrimonio, el amor, la violencia, las órdenes e incluso el miedo hacia la figura masculina; con las ideas más modernas de su hijo Kabanov. Unas diferencias generacionales relativamente difuminadas por la actitud de ella, quien se impone en todo momento.


A cada vicio, hay una oposición moralmente adecuada. Así en Kudriash tendremos una crítica a la violencia y una alusión a la necesidad de la conversación. Además, este personaje aporta la otra visión de la cultura popular, aconsejando con empatía y entonando canciones en los momentos de distensión y casi intimidad.

Los personajes suelen interactuar en parejas. Así Varvara se convierte en reseñable, no tanto por su objetividad casi fría en casi todas sus actitudes, como en la defensa del personaje femenino. Con un marcado individualismo, muestra una cierta empatía por Katerina, a quien abiertamente expone: “no tienes ninguna necesidad de atormentarte”.


Katerina representa un tópico literario: cualquier tiempo pasado siempre fue mejor. Deja atrás una felicidad ensoñadora, para sumirse en un miedo atroz y la profunda infelicidad en la que se ve inmersa. Con una honda religiosidad, presagia su muerte como consecuencia de sus actos que, ella misma, define como pecado. La misma religión supone un refugio para enfrentarse a un destino inevitable y labrado por ella misma. No es la única contraposición que encontramos en el personaje. Se dirige a su felicidad-pecado porque ansía libertad, mientras que trata de resistir a su deseo. Su honestidad absoluta con respecto a Borís se desmiente en el intento de autoengañarse en ocasiones. Además, sus actos son pecados, y al mismo tiempo el pecado y los pensamientos impuros son culpa del demonio.


Feklusha alaba al comerciante, piadoso y generoso. Representa la hipocresía y difamación. El pecado justifica las acciones, y hace una crítica a las costumbres y gobiernos extranjeros. Para la peregrina, el bullicio mundano anuncia el fin del mundo, y el progreso es sinónimo de perdición. En ella vemos un elemento interesante: la alusión a la mitología eslava con “la serpiente de fuego”, por ejemplo. Esto la sitúa como personaje casi mitológico que augura un oscuro futuro y se opone a los personajes más jóvenes: la tradición se enfrenta al progreso.


La dama hace un discurso interesante sobre el pecado y su consecuencia, y cómo la belleza de la protagonista acabará en el fondo del río, anunciándolo. Recuerda a otros muchos personajes dramáticos que observan la escena y anticipan el resultado de la acción. Aunque se trate de una obra y autor posteriores, podría asemejarse al discurso que hace la propia muerte en La dama del alba, de Alejandro Casona (1903-1965).


Como puede observarse; pecado, destino, religiosidad, moral y crítica social son motivos principales. Pero no debe olvidarse que ya en el título encontramos la referencia a la tormenta. Este elemento meteorológico, que acontecerá en el drama y será lo que desate el final de la acción, es además un recurso en prácticamente cada diálogo. Para cada uno de los personajes, la tormenta tiene un significado diferente. Hemos comentado anteriormente que Kuliguin la observa como un fenómeno natural, así como Varvara hará alusión a ella como ese pensamiento que nubla las ideas más pragmáticas del día a día, Kabanov la encuentra en su núcleo familiar y en el mundo que le rodea, Kabanova y Dikói la interpretan como un hecho divino y castigador. Interesante es ver cómo, en Katerina, la tormenta refleja la consecuencia de sus actos. Teme la tormenta porque conoce que, cuando se desate, su vida tendrá un fin. Este final, profundamente trágico, toma fuerza en la despedida de los amantes. En ese
breve diálogo él admite ser “un pájaro en libertad”, que no representa sino en anhelo de Katerina, que le fue privado y en ese momento, con gravedad, le llevará a la muerte.


Se observan situaciones familiares diferentes, todas ellas con elementos a discutir y manifestando discrepancias entre generaciones y posiciones. El lenguaje no hace giros profundos, más allá de cuando se recitan versos, canciones, referencias de mayor profundidad cultural en Kuliguin. Se puede leer en numerosas ocasiones el uso de “madrecita” y “padrecito”, tratamientos de respeto en Rusia. Así como el empleo de “tártaro” como insulto.

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