Gambito de dama

«Gambito de dama» («The Queen’s Gambit» en su idioma original) es una novela de Walter Levis publicada por primera vez en 1983. Me topé con ella como supongo que muchos de vosotros: Netflix ha tenido un éxito evidente con la serie. Comencé a verla, de hecho, y al cuarto capítulo me obligué a cesar en el intento y a buscar la novela. Si la serie tenía un toque especial –y mi teoría seguía sin fallar– la novela debía ser maravillosa.

Así es: maravillosa y sorprendente en su estilo y delicadeza.

Elisabeth Harmon es un personaje diferente y sumamente real. Con múltiples carencias a nivel vital y afectivo, una infancia difícil, experiencias traumáticas, la adicción,… Se supera. Se supera mucho y muy despacio, a veces. Alcanza un desarrollo envidiable en el mundo del ajedrez, trabajando su mente, la gestión de las emociones, la toxicidad que la rodea –en forma de alcohol, pastillas y compañías de dudosa conveniencia. Y, sin embargo, uno termina la última página con la sensación de necesitar unas cuantas más; para conocerla mejor, para saber si consigue experimentar sentimientos más sanos, si supera ciertos bloqueos.

Fotografía del personaje de Elisabeth Harmon en la serie "Gambito de dama" producida por Netflix.
Elisabeth Harmon en la serie «Gambito de dama», producida por Netflix.

Pese a ser la protagonista de todas y cada una de las páginas, de conocer cada pensamiento e imagen mental que experimenta, se percibe como efímera, ausente del mundo en tantas ocasiones. Su vida es el ajedrez.

La minuciosidad de las descripciones de las partidas es poco frecuente en una novela. Sin embargo, transmite incluso con más profundidad las sensaciones. El roce con el material de cada pieza, los tonos de los tableros, los sonidos de relojes y piezas que se depositan con firmeza. Incluso los personajes a los que se enfrenta y que, en algunos casos, después la acompañan. Descripciones ricas pero no excesivas. Como cada rasgo del texto, en realidad.

«[…] y estarían explorando la posición, buscando debilidades dentro de tres o diez movimientos, sondeando la disposición de piezas blancas como si fuera su cuerpo y ellos cirujanos preparados para diseccionarlo. Había algo obsceno en aquella imagen».

Se dice que lo poco agrada y lo mucho enfada. Esa justa medida de cada elemento hace que sea una novela recomendable para cualquier amante de la literatura, y aficionado a la lectura. Por supuesto, si te gusta el ajedrez, te enamorará. Si majestuosa resulta la narrativa, majestuosa es la imagen que proyecta de este juego que nació A.d.C. Además, el jugador habitual contará con una ventaja: podrá entrenarse con ella a lo largo del relato. Desmenuza jugadas, movimientos, paso a paso. Minuto a minuto, si pones en marcha el reloj.

Por otro lado, cabría al menos mentar el alegato feminista que, si bien viene de una mentalidad masculina fácilmente perceptible en más de una ocasión, se suma a una lista ya importante de novelas que recogen la figura de la mujer desde la perspectiva de la lucha en un mundo de hombres. Inmersa en él, ganará. Aunque la sensación de inseguridad no la abandonará en ningún momento.

Si tiene un toque de comicidad, y muy sutil, reside en las píldoras de Moscú, los rusos, la posición de las revistas y los centros culturales, Rompe con unos clichés y corrobora otros, alimentando esa sensación de realidad constante desde las primeras líneas.

Dedicaría más de un párrafo a los dos personajes enternecedores que aparecen, incluso tres. Pero debo parar y decirte que tienes que mover tú. Te toca. Y si quieres un consejo, el mío es que lo leas. No habrá una jugada mejor, ni más deleitable. Incluso más que ahorrar el tiempo viendo la serie. Además, una regla del ajedrez dice así: «pieza tocada, pieza movida». Ya la has tocado al leer esta breve y personal reseña. ¡Disfrútalo!

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