4.

El micrófono no funciona. La cámara mantiene una imagen bastante distorsionada. El sol no facilita la imagen. El ruido de una moto interrumpe la frase. Malditas –y benditas al mismo tiempo– videollamadas.

– Queríamos proponerle una entrevista presencial. Conocernos, hablar de todo un poco…

Abre los ojos y arquea las cejas, en busca de una respuesta que no llega. Ella se sonríe: pueden hablar lo que desee, ya está dentro. Asiente y él parece satisfecho. «Habla, no te quedes callada», se repite, obligándose a ser siempre la más sociable y adecuada cada lugar y situación. Allí, en su jardín, todo parece adecuado.

¿Habla ella o lo hago yo? A veces, pierdo la noción del tiempo. Me la quedo mirando y olvido por completo si ha conseguido embaucarme del todo. Creo que no soy nada objetivo. ¿Estabas pretendiendo que lo fuera?

El complicado proceso de elegir una carrera universitaria se simplifica notablemente si uno es honesto consigo mismo. Qué me gusta, qué hago bien, qué quiero aprender.

Tener o no tener salidas laborales no queda tan definido por los estudios a elegir, sino por la actitud con la que se afronten y las habilidades con las que se complementen. Por tanto; elige lo que te apasiona. Si quieres labrar un futuro, lo harás. Será más o menos fácil, pero lo lograrás. Mientras tanto, date el gusto de verte inmerso en lo que te apasiona.

El Grado en Lenguas Modernas y sus Literaturas no es, frente a la imagen que a menudo se proyecta de las carreras –mal denominadas– de letras, nada fácil. Comprende el estudio de dos lenguas desde una mirada filológica, sus culturas y, con una profundidad amplia, sus literaturas. Una lengua «maior» y una lengua «minor»: es decir, una lengua a la que dedicarás un 60% de los créditos, y una a la que dedicarás el 40%. Además, siempre se puede profundizar en la segunda, alargando el Grado un año y adquiriendo unas nociones similares en ambas.

En realidad, tampoco es sencilla la elección de la lengua. Inglés, francés, alemán, chino, ruso, italiano, árabe, japonés, coreano, y varias más. Cuando me preguntan por qué elegí italiano y ruso, trato de dar respuestas completas, huyendo de la realidad: sentía una curiosidad palpable por el italiano como idioma, mientras que del ruso me atraía especialmente el elenco de literatos. Cuatro años después, sé que escogí dos literaturas imprescindibles para entender el concepto «literatura universal».

Si me hubieran contado entonces que leería a Dante Alighieri en versión original, o que abordaría la lectura en profundidad de la bibliografía de Mijaíl Bulgákov, me hubiera sonado a aspiraciones difusas e inabarcables. Se han abarcado tanto que me han enamorado.

Es difícil convencer a alguien de por qué merece mucho más que la pena ser filólogo. Tal vez pueda acercarte a esa idea de una manera muy sencilla: yo no entiendo lo mismo que tú cuando veo un texto. Quién lo escribió, en qué época, cómo era su vida y además qué momento atravesaba en el momento de su escritura. Cuál era su entorno social, qué valores inquietaban a la sociedad en ese momento. Qué parece que dice, qué pretende decir. A quién se dirige, con qué intención. Persigue la belleza comunicativa, desahogarse, transmitir un mensaje importante. Escribe libremente o coaccionado. Su texto es más expositivo, argumentativo, descriptivo. A qué género textual pertenece. Tiene o no tiene comparación con otro texto. Es un texto original o traducido. Anoto palabras. Deduzco lecturas en las que el autor o la autora se ha basado para llegar a las ideas finales que tengo entre manos. Recorro adjetivos, cómo los usa. Percibo si prescinde o abusa de uno u otro término. Y, sobre todo, disfruto enormemente de la experiencia de lectura. Leo en profundidad.

Puede que te preguntes para qué sirve todo eso. No me gustaría ser yo la que te lo explicase: dirígete a Nuccio Ordine. Puede que también dudes de si alguien no puede lograrlo sin pasar por una carrera universitaria: tal vez. Tal vez, si estudia todo lo que estudia un filólogo durante cuatro años, y durante el resto de su vida. No se te olvide nunca que ser graduado en filología, no es ser filólogo. Da un paso más allá.

Si por un casual estás dudando y das con este texto, solo te prometo que disfrutarás, si encuentras en la lectura un placer, y en la comunicación una necesidad divertida. No te aseguro que te guste todo de lo que hagas: habrá mil cosas que jurarías que podrías mejorar. Mejóralas. Las personas que te imparten esa lección, están mejorando lo anterior. Entiende que en la universidad es muy importante la labor del docente, y vital la del alumno. Si te acomodas, tan solo obtendrás un título.

Ojalá pudiera volver atrás. Ir hacia delante es muy placentero, pero siempre pensaré que no lo disfruté lo suficiente. Y eso que disfruté todos y cada uno de los días.

Filóloga, por fin.

3.

La siguiente vez que nos vimos, llevaba un corte de pelo diferente. Vestía unos vaqueros que le sentaban bien, y una blusa vaporosa, de esas que parecen decir que donde un hombro saluda, la espalda se ruboriza y vuelven a contar hasta diez los bordados del pecho. Qué podría yo decirle, tanto tiempo después. Una incertidumbre que me recorría pecho y labios. Labios ocultos por la mascarilla, resguardados, tímidos.

Me miró de lejos, como quien no ve nada de interés. La mirada estaba perdida o distraída, quién sabe. Salió sin comprar nada. No lo entendí.

Busqué en el historial de pedidos su número de teléfono. ¿Era demasiado atrevido mandarle un mensaje?

Sigo pensándomelo…

Estaba tan enfadada.

«Es interesante analizar brevemente el comportamiento de los demás. A veces se aprende muchísimo. Otras, solo un poco. Pero siempre se aprende.

Por ejemplo, podemos observar que hay personas que realmente son víctimas de los momentos. Se motivan con gestos y miradas, con un tono de voz o una risa enérgica. Y explotan en intensidad. Se llevan por delante mucho, incluso a ellos mismos, pero sin intención alguna. Responden a su impulso, se dejan hacer. Y así hacen también al resto.

Hay personas que reciben estas actitudes con una extraña conciencia que no se sabe de dónde sale. Asimilan, reflexionan, priorizan, ponen en orden.

Normalmente, los primeros son los más afortunados. Llegan a casa y consiguen dormir tranquilos. Mientras que los segundos deben terminar de gestionar la bomba de relojería que les han echado encima.

Los primeros defenderían que es «vivir». Los segundos, responderían que es egoísta.

Si estás en el primer grupo, es hora de ir madurando. No vaya a ser que un día, sea tu propio reflejo, en un espejo cualquiera, el que responda a tu escasa inteligencia emocional.

De nada».

– Vale. Leído… No entiendo por qué me lo das a mí.

– De nada.

2

– ¿Puedo ayudarla en algo?

– Tal vez. No a elegir un libro. Eso sé hacerlo sola.

-¿Y qué no sabe hacer sola?

– Uy, muchas cosas.

– ¿Alguna en la que la pueda ayudar?

– Hoy no. Gracias.

Se hace un silencio incómodo. Él no entiende y ella tampoco.

Sale ella despacio de la librería, con la sensación de haber perdido algo. Él aún no lo sabe, pero no encontró. Y tampoco lo estaba buscando.